El antiguo tunel del Tren a Sagunto

El antiguo tunel del Tren a Sagunto
Yolanda a punto de adentrarse en las oscuras entrañas de la montaña

lunes, 29 de noviembre de 2010

Senderismo por Albalat dels Tarongers

Sábado 27 de noviembre. Mediodía de cielo gris y muy frío. En el viejo Opel hasta la entrada de Albalat. Aparcamos en la rotonda antes de cruzar el puente. Líneas blanca y amarilla al otro lado de la rotonda: cruzamos vías del tren por un paso inferior. El camino asfaltado sube hacia la autopista. Transitamos paralelo a la autopista durante un buen rato. Atravesamos el antiguo tunel del tren. Un poste de madera nos indica hacia la Redona y por fin podemos pasar al otro lado de la autopista por un paso inferior para coches con hermosas pintadas en sus costados. Ascendemos a la derecha durante un buen trecho con el ruido de fondo del tráfico. Vistas al valle de Sagunto y el mar al fondo. Un poco ahogados por el esfuerzo. En el primer cruce de caminos seguimos recto. En el segundo tiramos a la derecha hacia el Barranc de les Merles. La senda baja entre vegetación densa, moreras, pinos, alguna higuera y monte bajo medio en penumbra. Tomamos desvío a la derecha indicado con líneas blanca y amarilla en lugar de seguir recto por la blanca verde. Enseguida desembocamos en una pista de tierra para coches. Subimos por ella a la derecha hasta que volvemos a encontrarnos con poste de madera indicador: Albalat 37'. El resto del camino es desandar lo andado.

Distancia: unos 11 km.

El perfil de la ruta.
perfil-pr-v318
Mapa topográfico.
prv-3181

1 comentario:

  1. No sé si repetiremos este itinerario. Demasiada presencia humana. La primera media hora larga se hace pesada por la presencia constante de la autovía que se tarda en cruzar y dejar atrás. Mucho chalet construído, pocas veces con buen gusto. Sin embargo, aunque el camino en sí mismo no es maravilloso, las vistas que ofrece sí son chulas. Pinadas verdes y frondosas. La majestuosa Sierra Calderona, con impresionante cordillera a lo lejos. Las mandarinas que probamos, deliciosas: con su punto justo de acidez, frías frías y llenas de pepitas como no comía desde que era un crío.
    Anécdotas: la pareja de cazadores acompañados por una manada de tal vez 10 o 15 perros que nos salieron al paso, jóvenes y simpáticos, con aspecto de podencos y por el parecido, la mayoría de la misma familia: aquello era un batiburrillo de primos, tíos y hermanos.
    El caballo blanco que nos olió con curiosidad detrás de su reja y posó con sobria elegancia para las fotos.
    El frío que pasamos mientras reponíamos fuerzas con la comida.

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